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Cuando el agua se vuelve negocio

En el 2014 los residentes de la ciudad de Flint, Michigan, en los Estados Unidos, sufrieron una emergencia por contaminación del suministro de agua con graves consecuencias para la salud de miles de personas.

Tres años más tarde, los ciudadanos de Flint siguen consumiendo agua embotellada y utilizando filtros mientras se reemplazan uno 20,000 tubos dañados.

A poco más de 200 kilómetros de Flint, en un pequeño poblado llamado Evart, la multinacional Nestlé solicitó permiso para duplicar la extracción de un acuífero local con el fin de aumentar su negocio de agua embotellada.

El hecho de que un estado sea incapaz de proveer a sus ciudadanos de agua potable, mientras regala el agua a una corporación multinacional ha generado la reacción de activistas que intentan por distintos medios bloquear la petición de Nestlé.

Industria voraz

El proyecto La historia de las cosas (The story of stuff Project), ha organizado una campaña de recolección de fondos para financiar un corto documental y denunciar lo que está ocurriendo en Flint y Evart, y asociarlo con otros casos recientes, también documentados en video, que involucran a la compañía Nestlé.

En Esta tierra es nuestra tierra, la organización perfiló la extracción no autorizada de agua pública en el Parque Nacional de San Bernardino para embotellarla.

Otro de sus cortos Nuestra agua, nuestro futuro, narra los esfuerzos exitosos de los ciudadanos locales para impedir que Nestlé embotellara agua, propiedad pública, de la garganta del río Columbia, en el estado de Oregon.

La crisis del agua en Flint se originó cuando el alcalde en ese momento, Dayne Walling, cambió la fuente de suministro de agua por el contaminado río Flint.

“La catástrofe del agua potable en Flint es el resultado del modelo fallido de intentar gobernar un estado como si fuera un negocio”, reza un artículo publicado en Detroit Free Press, basado en declaraciones de Dennis Schornack, exconsejero del gobernador Rick Snyder, quien ha sido fuertemente criticado por lo sucedido en Flint.

“Gobernar no es un negocio, y no puede funcionar como tal”, dijo Schornack, enfatizando el hecho de que fue un interés meramente económico el que terminó cobrando vidas y afectando la  salud de miles de personas para siempre.

Las autoridades ignoraron todas las advertencias sobre el peligro de toxicidad extrema a que se exponía la población y la decisión se tomó con base en un criterio económico.

El agua del río resultó ser muy corrosiva y el plomo de las tuberías se desprendió y contaminó el agua. Los daños para la salud de más de 30 mil personas afectadas, son irreversibles.

Acerca de Ronald Díaz V. (55 Artículos)
Periodista y productor audiovisual independiente.

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